Liderar tu vida antes de liderar proyectos: el liderazgo interno como base

Vivimos en una época que nos enseña constantemente a liderar hacia afuera, dirigir equipos, construir negocios, tomar decisiones, ser productivas, alcanzar metas, crecer.

Pero hay una pregunta que pocas veces hacemos:

¿Cómo podemos liderar algo externo si todavía no sabemos liderarnos a nosotras mismas?

Porque es posible tener un equipo, una empresa, un proyecto exitoso y, al mismo tiempo, vivir en desorden interno. Podemos saber perfectamente hacia dónde llevar un negocio y no tener claridad sobre hacia dónde queremos llevar nuestra propia vida, tomar decisiones importantes todos los días y, aun así, estar desconectadas de lo que realmente necesitamos y, tarde o temprano, esa desconexión comienza a aparecer también en aquello que lideramos.

El liderazgo comienza mucho antes de tomar una decisión, no es solamente tener una posición de autoridad, tampoco es saber qué hacer todo el tiempo. Liderar es poder escucharnos, tomar decisiones desde la conciencia y hacernos responsables de la vida que estamos construyendo.

Antes de preguntarnos cómo dirigir mejor un equipo, quizás necesitamos preguntarnos cómo estamos dirigiendo nuestra propia energía.

¿En qué estamos poniendo nuestra atención?
¿Qué estamos sosteniendo que ya no queremos sostener?
¿Qué decisiones estamos postergando?
¿Qué parte de nuestra vida estamos dejando para después mientras intentamos construir todo lo demás?

El liderazgo interno comienza ahí: en la capacidad de mirarnos con honestidad.

No puedes construir desde un lugar al que tú misma no tienes acceso. Muchas veces buscamos herramientas externas para resolver problemas que tienen una raíz interna, un nuevo método de productividad, una nueva estrategia, un nuevo proyecto, una nueva meta, pero más herramientas no siempre significan más claridad.

A veces necesitamos detenernos.

Porque una persona puede tener conocimiento, recursos y experiencia, y aun así no tener claridad interna. Puede tener un proyecto que funciona y sentirse agotada, desconectada o sin dirección. Ese es precisamente uno de los perfiles de mujeres líderes a quienes HoM busca acompañar.

Por eso, antes de transformar lo que hacemos, necesitamos observar desde dónde lo estamos haciendo.

El proyecto también refleja a quien lo lidera, los proyectos no existen completamente separados de nosotras, nuestra manera de tomar decisiones aparece en ellos, los límites aparecen en ellos y nuestros miedos también. La manera en que nos relacionamos con el tiempo, con el dinero, con el éxito, con el descanso y con otras personas termina formando parte de la manera en que lideramos. 

Por eso, cuando una líder vive permanentemente desde la urgencia, su equipo puede terminar viviendo en urgencia, cuando una líder no sabe poner límites, es probable que su organización tampoco los tenga claros, cuando una líder tiene miedo de soltar el control, puede terminar limitando el crecimiento de las personas que la rodean y cuando una líder aprende a escucharse, poner límites y tomar decisiones con mayor coherencia, algo comienza a cambiar también alrededor suyo.

El liderazgo interno no se limita a una persona. Se expande hacia todo lo que esa persona sostiene. Liderarte no significa tenerlo todo resuelto. El autoconocimiento no elimina la incertidumbre, te da un lugar interno desde el cual atravesar.

Cuando hablamos de expansión, solemos pensar en hacer más: más ingresos, más clientes, más proyectos, más reconocimiento, más responsabilidades, pero la expansión no necesariamente consiste en acumular.

A veces consiste en alinear lo que quieres con lo que haces, lo que piensas con lo que dices, lo que valoras con las decisiones que tomas, la vida que deseas con la manera en que estás viviendo hoy.

En la metodología de acompañamiento de HoM, esta mirada se organiza en torno a tres dimensiones: SER, ENTORNO y EXPANSIÓN. Primero, la relación contigo misma; después, la manera en que habitas y te relacionas con tu entorno; y desde ahí, la forma en que quieres expresarte en el mundo a través de tu liderazgo, proyectos y desarrollo profesional.

Porque cuando el ser comienza a fortalecerse y el entorno empieza a alinearse, la expansión puede dejar de sentirse como una exigencia y convertirse en una consecuencia natural.

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